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Le dije que sí

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  En la madrugada incorporé el cuerpo para despertar. Sin prometer fechas ni explicar cómo, una voz parecida a la de mi Padre, me dijo que venía por mí. Años antes de este encuentro ensayé argumentos con el propósito de hacer un pacto. A las tres con cinco de un sábado de junio tuve la oportunidad de decirlos. Me iría, expliqué, en algún momento del día, no pedía escoger la hora ni el momento exacto. Con el estómago ahorcado en el destino de quien se sabe muerto, con la voz entrecortada y pasando la poca saliva que aún quedaba, expuse: tengo tareas pendientes por emprender. Narraciones trazadas como intenciones en el block de notas, cartas a mi amigos proponiendo nuevos proyectos, postales a mis amantes de lugares recordados; respuestas a los compañeros de las preguntas que aún no deseo abordar, likes de los chistes menos oportunos; eso dentro de las acciones ligadas a la escritura. Con respecto a las plantas, alegué lo inoportuno que sería dejar de regarlas en estos días de tempes...

Nostalgia

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  Eran las 05:00. En ese despertar a su lado notó que él ya tenía los ojos abiertos. ¿Por qué me quieres? le preguntó. Su respuesta la tenía estructurada con antelación, era una frase que incluía a ambos. -Creo que es difícil no querernos, porque seguimos aquí, en este ida y vuelta de palabras e intenciones-. La mujer de las madrugadas preguntaba ruborizada en el calor de primavera. Él devolvía, con frases veladas, lo que ella quería escuchar. Cada  uno por su lado buscaba quedarse con lo lindo del otro y por eso seguían juntos. A tientas buscó en el buró un objeto. Sus delgados dedos hallaron la foto fechada con "17 de abril…”. Contempló por unos minutos la instantánea y después le pidió que la describiera.  Tomó la imagen y expresó: En el primer plano está tu rostro, enmarcando esos ojos color miel. Veo la proyección de ellos en el firmamento de otras pupilas que te observan y preguntan por el contexto de tu cabello despeinado y la puerta de atrás; los juegos de llaves ...

Antes de tu partida

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  Cree. Hay compañías que vale la pena tenerlas. Allá donde la Nada espera, en ese sitio desconocido al que estamos convocados desde el nacimiento, no creo poder ver la intensidad de una constelación; tampoco creo que esté La Mar y su inmensidad; dudo de un azul cerúleo en el atardecer de marzo; ¿Será posible en esa estancia apreciar la riqueza explosiva de una carcajada o, aún con todo su dolor, el llanto de un ser querido? Aunque parezca esto una petición para que os quedes, es más un recordatorio de aquello que dejas. Aquí tu voluntad de partir está incólume. Antes de tu partida hártate de llorar, para que allá donde vayas  no sigas derramando esas tus lágrimas sin dueño. Sacia tu hambre con una champeta o un chicharro en la ostionería Mayté y trágate a propósito una espina, te vas a dar cuenta que morir no es tan sencillo y que siempre hay alguien dispuesto a aplicarte la maniobra de Heimlich.  Ve al faro y sube para una última mirada al Océano. Con el rabillo de tu o...

Las malas palabras

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  Las malas palabras es una conferencia-participación que tuvo Fontanarrosa en el 3er Congreso de la Lengua Española de 2004, en Argentina. Es breve pero sustanciosa. https://youtu.be/iSMnSjK_C0M Después de la segunda ocasión de escucharle pensé en las mías, ¿cuántas malas palabras me sé? ¿dónde las aprendí? ¿por qué y dónde las digo? ¿Cuáles son mis preferidas?  En algunos espacios me autodefino como grosero (opuesto a refinado). Esa es una manera de avisar o justificar que la cortesía la guardo para momentos más hipócritas. Hay algunos oídos castos que se ven afectados, tal vez porque se sienten jiñados ante esa vulgaridad mía.   Es posible que mis malas palabras provoquen escozor, prurito, vergüenza, etcétera, por su sola expresión y no así por la intención; esta diferencia es notoria porque tiene que ver con las circunstancias del hecho, ante quién las digo y por qué lo hago. Dentro de las ochenta y ocho mil palabras que tiene el Diccionario de la Real Academia de la ...

Cuando no tengas nada qué escribir

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    Toma  tu lista de contactos, desliza tu dedo y llama al primer número que aparezca, puede ser que no le hayas hablado en un buen tiempo. ¡Sorpréndele! no te espera.     Sal a caminar por el vecindario, observa bien y notarás lo mucho que ha cambiado.    Abraza a quien tengas cerca (cuida que mínimamente sepas su nombre) tómense la mano y alzándola griten: ¡Yu juu!  Celebren la belleza de estar vivos.    Comparte una sonrisa o responde el gesto amable, todavía quedan amigos por conocer.    Intenta dormir un poco más, recupera fuerzas.    Canta, desentona esa rola, imita, sacude la testa recordando el concierto más prendido que hayas vivido. Rockea como nunca.    Pon esa canción guapachosa e intenta dar ese pasito coqueto, se reirán de vos, no importa, de por sí lo hacemos, es envidia.    Cuando no tengas "nada" por escribir, díctale a Siri, ella sabrá qué hacer. Ten paciencia...

Las cosas no dichas

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  Desde el viernes pasado he estado pensando en este asunto. Han sido demasiadas ideas juntas, todas ellas asaltan la memoria. No es sencillo iniciar. Se me hace un nudo en la garganta cada vez que lo intento. Las cosas no dichas  se quedan en el umbral de la expresión,  habitan nuestros pensamientos,  deciden hacer nido en el corazón.  Se albergan como caudal de sentires contrariados. Nos basta un leve movimiento de la vida para hacer aflorar esa pulsión, pero sucede que hay veces en que eso no pasa y entonces nos sumergimos un poco más en los abismos de lo no expresado, imposibilitando  la posibilidad de trascender el silencio. Hay un cúmulo de palabras, constreñidas en la parte media del cuerpo, esperando el momento oportuno para hacerse notar. Lástima que no siempre tenemos los lentes para leer esas intenciones  que a veces vienen envueltas en actitudes. Las cosas no dichas tienen ese  carácter  de beligerancia y terquedad que pocos enten...

El mayor

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  Nació un 24 de diciembre. Se le impulsó como guardián de los secretos y asumió el papel más cándido que puede ostentar un hermano, ser el primero en todo; allanar el camino para que otros anden; tropezar a propósito con el fin de ser ejemplo.  Halló en las mujeres su deleite y placer más extenso, solo equiparable a bailar. Por el danzar de su cuerpo  es que le conocí en pleno, ya que en sus amores siempre fue discreto. Emprendió su viaje hacia sí mismo a golpe de timón, fueron duras todas las experiencias y de ellas quiso enseñarme con consejos de sabio, mostrando simpatía por los progresos y dejando que encontrara mi camino. Su caracter de líder lo puso al frente de las obras que le encomendaron. Asumió sus actos con valor y eso le ha dado el aprecio de aquellos que han decidido conocerle. Solo tengo palabras de agradecimiento para las incontables tardes en que me enseñó a bailar, sin saber, hasta ahora, que yo lo hacía más por su compañía fraterna. Jamá...