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Por si no te vuelvo a ver

  Saludos a todos quienes hacen su mejor esfuerzo por colaborar en la formación de personas alegres, críticas, constructivas.   Cuando inician las clases con los primeros estudiantes les digo mi nombre y las formas en las me pueden nombrar, Luis, Manuel, Palacios y acentúo que si me llegan a querer mucho me pueden decir Luisito. Antes del primer parcial casi todos me dicen Luisito, algunos buscan halagarme y no me sorprende, porque sé que después del primer parcial me empiezan a cambiar el nombre. “Ese güey me reprobó”. Cuento esto porque nuestra labor está constantemente tentada por lo fútil, lo fácil, porque es oportuno, necesario, hacerse presente en las vidas de los educandos para provocar que aflore su mejor versión y eso puede llegar a ser doloroso para quienes están acostumbrados a aprobar sin esfuerzo.   La docencia implica colocar piedritas para que se tropiecen y al mismo tiempo animar para que nos superen. Dentro del espacio educativo mi labor docente a veces s...

El consuelo de los chocolates.

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Es difícil despedirse de una generación con la que compartí mucho más que la escuela. Procuré darles mi cariño más allá del aula, y creo que por eso me gané su respeto. Los adioses duelen al principio. Con el tiempo, ambos nos iremos acostumbrando a la ausencia. Llegarán nuevas relaciones, distintas todas a esta que hemos construido. Ahora que los veo despedirse —lanzando globos, escribiendo notas en sus playeras, tomándose fotos— confirmo que, en verdad, les gustaba estar aquí. Recuerdo sus sonrisas, y también esos rostros angustiados por las tareas y las calificaciones. Afrontarlas juntos fue parte de este aprendizaje de vida. Aunque este último año no pude acompañar su proceso como asesor, hice mi mayor esfuerzo por estar presente: preguntarles, animarles y, a veces, retarles, para que desafíen al futuro y lo conviertan en algo más próspero. No importa si en este momento no continúan estudiando; prefiero que sean buenas personas, felices y respetuosas, antes que simplemente licencia...

Te juro que era un sueño

-¡Pero si soy tu abuela!, chamaco, hacedme caso, están pasando cosas y vos ahí sentado sin llamarla. -¿Abuela? Nunca te había visto y en eso de hacerte caso, humm... ¿qué cosas están pasando pues? -Nada, que me estáis olvidando, nada más ¿os parece poco? ¿Acaso no os parece escandaloso semejante acto? Sin mirarla, atrapado por el insomnio de una noche jugando LOL; tratando de adivinar si era o no la abuela, de quien mi madre tantas veces me habló, intenté contestar de una forma prudente y coherente, respetándole el fuero que da ser una pariente mayor.  -Mire abuela, yo le prometo ponerle una veladora pero dígame, mínimo, ¿cómo se llama usted y por qué habría de recordarla? Como si de un trueno se tratara, su voz resonó en mi modorra de las 4 de la mañana.  -!Soy BEATRIZ!  Subí el entrecejo con cara de what! y ella citó un párrafo de la Divina comedia.  -"Yo soy Beatriz, la que te hace caminar, vengo del cielo al que deseo volver. Amor me ha puesto en movimi...

Tres deseos para el 17M

Siempre me pasa lo mismo. Llega el 17 de mayo y se vienen de golpe los rostros de casi todas las personas con quienes he tenido la fortuna de coincidir. Son unos recuerdos más memorables que otros y no siempre son gratos. Buena parte del día voy pasando lista (mentalmente) observando las fotos del ordenador, mientras me pregunto si se acuerdan de aquellos días en que cumplieron 18.  Es relativamente fácil reírse con las muchas  anécdotas de esos momentos en que, era igual de importante aprender así como divertirse; entrar a clases y sentir la adrenalina de volársela; entregar tarea e inventar una excusa. Después de un rato  me asaltan los remordimientos. Una especie de culpa invade mi felicidad y llegan a la memoria los estudiantes que decidieron o fueron obligados a abandonar la escuela. ¿Por qué pasó aquello? En un sistema que premia la obediencia y a veces la repetición, hay otras juventudes que llegan a las escuelas porque son mejores espacios que sus casas. Son esos ...

Parece que soy la voz de quienes me leyeron y escucharon.

Tengo una memoria ajustada sobre mi infancia, sino es por el recuerdo de las narraciones de la Juana, quien con su tono alegre de madre se encargó de darle voz a las letras  de desamor que tuvo a la mano para dormir a su prole. Su mayor fortuna fue tener la fuerza para contar las historias, a veces no gratas, de mi familia oaxaqueña, avencidada en la región valle. Soy el recuerdo de Don Luis, quien tuvo a bien mantenerse callado muchas veces y en esa actitud formó al preguntador que soy ahora. Ante el ardid de su silencio me mantuve paciente para que poco a poco se le fuera soltando la lengua y supiera yo de sus penas al abandonar su hogar a los 9; le conocí mejor, como ahora lo recuerdo, en las pláticas mientras le acopañaba al trabajo. Expresó sin palabras su juramento tácito de romper el círculo y volverse el caracol familiar, donde nunca nadie pasara las penas de su niñez Me descubrí narrador cuando tuve la oportunidad de depositar mirada y voz en otros muchos rostros, otros ta...

Primer día de la Sala Itinerante de Lectura Comunitaria 100 Acres.

 Casi siempre pasa. Las primeras acciones de cualquier emprendimiento me ponen nervioso. Después de haber recibido mi lote de libros para la Sala de lectura, por parte del Programa Nacional de Salas de Lectura, saqué algunos de la caja y los puse en el piso del pórtico de la escuela. No hice convocatoria, dejé al azar que transcurriera el tiempo. Los curiosos me preguntaron que qué hacía y de inmediato les devolví la pregunta ¿quieren que les lea? Asintieron y se sentaron en torno al manojo de libros. Curiosearon sus títulos y portadas. Alguien dijo -éste. Era "El llamado de Cthulhul·  de H.P. Lovecraft, inicié la lectura, mientras lo hacía se acercaron otros curiosos. No lo terminé porque la intención es dejarlos en ascuas para que ellos sigan a su ritmo, tomé otro de los que tenía en el piso,  "Y si nos escapamos de Móniva Lavín; En la lectura de este otro intenté hacerla más amena de tal suerte que enfatizaba aquello que parecía vinculante con la vidas de los oyentes; ...

Diálogo con el cuerpo.

  Si acaso los órganos pudieran hablar. Habla el pie derecho. Ayer fue un día difícil, se me ocurrió patear con la fuerza de antaño y el balón no llegó a donde esperaba. Me fue difícil aceptar esta condición de impotencia. Si bien no escuché burlas, creo que la propia imagen del pasado glorioso se me vino de golpe y fue más duro el reclamo -¿por qué no pudiste patear bien?- parecía decirme el recuerdo. Con total impudicia amarraron el tenis dando a entender que éste era el culpable. Solo yo puedo saber la verdad, estoy un poco adolorido porque mi trabajo es contribuir a estar erguido mientras labora el resto del cuerpo.   ¡Si tan solo pudiera descansar un poco, meterme en la arena tibia, chapotear en un río!   Se expresa el tobillo. Recién me enterado que hay un déficit de materia en la parte media de mí. ¿Hasta ahora no había hecho falta ese hueso? ¿Acaso se desgastó más de lo normal? O ¿es que por fin la barriga causó estragos? ¡Me duele!. Percibo su dolor como pequeñas...