Primer día de la Sala Itinerante de Lectura Comunitaria 100 Acres.

 Casi siempre pasa. Las primeras acciones de cualquier emprendimiento me ponen nervioso. Después de haber recibido mi lote de libros para la Sala de lectura, por parte del Programa Nacional de Salas de Lectura, saqué algunos de la caja y los puse en el piso del pórtico de la escuela. No hice convocatoria, dejé al azar que transcurriera el tiempo.

Los curiosos me preguntaron que qué hacía y de inmediato les devolví la pregunta ¿quieren que les lea? Asintieron y se sentaron en torno al manojo de libros. Curiosearon sus títulos y portadas. Alguien dijo -éste. Era "El llamado de Cthulhul·  de H.P. Lovecraft, inicié la lectura, mientras lo hacía se acercaron otros curiosos. No lo terminé porque la intención es dejarlos en ascuas para que ellos sigan a su ritmo, tomé otro de los que tenía en el piso,  "Y si nos escapamos de Móniva Lavín; En la lectura de este otro intenté hacerla más amena de tal suerte que enfatizaba aquello que parecía vinculante con la vidas de los oyentes; atendí las recomendaciones del manual para lectores. Dió resultado, estaban atentos, interesados a veces expresivos con cara de asombro.

Eran casi la una de la tarde. El cansancio se notaba en algunos. Suspendimos la lectura para preguntar sobre sus intereses lectores. Amor imposible, comedia, fanfic, erotismo (en esto último alguien dijo porno y yo sugerí erotismo, XD). En ese momento caí en la cuenta de que la sala de lectura siempre toma el cariz de quienes asisten a ella, que mi función es de mediación y no de explicación. Alguien preguntó si tenían que hacer alguna tarea con lo leído, reímos juntos.

Al final nos quedamos platicando de las cosas que pasan, suceden y acontecen. Se llevaron: De noche vienes de Elena Poniatosvka, Y si nos escapamos de Móniva Lavín y Un cuento de navidad de Emilio Carballido. 

Me queda la tarea de traer otros libros que atiendan sus sugerencias.


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