Por si no te vuelvo a ver

 


Saludos a todos quienes hacen su mejor esfuerzo por colaborar en la formación de personas alegres, críticas, constructivas.

 

Cuando inician las clases con los primeros estudiantes les digo mi nombre y las formas en las me pueden nombrar, Luis, Manuel, Palacios y acentúo que si me llegan a querer mucho me pueden decir Luisito. Antes del primer parcial casi todos me dicen Luisito, algunos buscan halagarme y no me sorprende, porque sé que después del primer parcial me empiezan a cambiar el nombre. “Ese güey me reprobó”. Cuento esto porque nuestra labor está constantemente tentada por lo fútil, lo fácil, porque es oportuno, necesario, hacerse presente en las vidas de los educandos para provocar que aflore su mejor versión y eso puede llegar a ser doloroso para quienes están acostumbrados a aprobar sin esfuerzo.

 

La docencia implica colocar piedritas para que se tropiecen y al mismo tiempo animar para que nos superen. Dentro del espacio educativo mi labor docente a veces sucede como transmisor, otras como facilitador y otras como mera comparsa de intereses que podrían atentar a lo formativo. Me inquieta cuando una autoridad, me refiero a los padres de familia o tutores, me piden que ayude con calificación a la persona reprobada. Me duele cuando escucho -es que ya no puedo con mi hijo; no sé qué hacer con él; ya le hablé- como si hablar fuera suficiente.

 

La práctica educativa que hoy se dignan en reconocer nuestras autoridades educativas en la Educación Media Superior, no es solo porque nos hayamos atrevido a compartirla por escrito ante una convocatoria, quiero pensar que también es una manera de reconocer que la docencia tiene retos en lo emocional, …

 

Que levante la mano quien no ha sentido ese sopor de querer jubilarse cuando 35, 40, conozco casos de 50 estudiantes en un mismo salón de clases, le entregan tareas hechas por la IA. Díganme si acaso no se han sentido vulnerables porque alguien los grabe y le haga un stiker o ser funado por algo que se dijo y que fue sacado de contexto.

 

Este reconocimiento demuestra que es necesario compartir nuestras prácticas y también nuestras esperanzas por construir sociedades más justas sostenibles, comprometidas.

 

Me asusta que la autoridad educativa se suba al tren tecnológico sin haber resuelto el asunto emocional, laboral, sustancial de comprender que es mejor tener un joven artista, deportista, alegre, crítico a un joven ensimismado y capturado por la tendencia de querer ser viral, o por el mundo del hampa. Me preocupa que estemos más al pendiente de qué filtro le ponemos a la foto y sus reacciones en redes sociales, que por lo que sucede antes y después de posar.

 

Aflora en mis clases el conductista, el congnitivista, …. Porque son distintas las necesidades formativas

 

El mejor reconocimiento que he tenido hasta ahora es encontrarme con estudiantes de hace 20 años que me recuerdan por haberlo reprobado dentro de la clase y haberles dedicado mi tiempo fuera del salón, para platicar de sus sueños de ser dentistas, irse al gabacho, comprarse su moto y un largo etcétera.

 

Ahora cuando me preguntan si vale la pena ser docente, contesto: no solo vale la pena, es necesario asumirse como persona amorosa.





Comentarios

Entradas populares de este blog

Te juro que era un sueño

Tres deseos para el 17M

El consuelo de los chocolates.