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Y volví a empezar.

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  Y volví a empezar. Texto narrado por Luis Manuel Palacios Morales para dar a conocer su trayectoria hasta la Universidad. En el presente escrito encontrará los avatares del hijo de Don Luis Manuel y Doña Juanita para descubrir su vocación. Se ha tratado en lo posible de hacerlo mediante la descripción de los actos positivos; se advierte al lector que algunas situaciones podrán parecer sorna, pero es se debe al carácter real de como se vivieron los acontecimientos. En las primeras líneas se utilizan figuras verbales para ensalzar la virtud de las cosas, siéntase en la libertad de disentir respecto a lo que opina el autor sobre la tarea y el examen. Para exaltar las bondades de los maestros se utilizan sus nombres verdaderos; se evita nombrar por sus generales a aquellos de los que no se obtuvo un aprendizaje que permitiera al narrador mejorar como estudiante, también se debe al olvido por parte del suscrito. Si al leer se siente aludido y desea discutir los términos del párrafo, p...

Sobre el territorio

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  Prólogo no solicitado El siguiente ensayo articula las ideas primeras de una serie, pretensiosa, sobre las concepciones cercanas al concepto de territorio. Procura asirse de una metodología autodidacta en la que el esfuerzo intelectual radica, al inicio, en no voltear la mirada sobre lo ya escrito por diversos autores, so pretexto de ejercitar el diálogo en otredad. El cual, al descubrirse en otros seres dialogantes va mutando. Prueba de ello es este prólogo, que al escribir ya es pasado, pues la idea de Territorio está cambiando . El lector  puede sentir prurito ante el desafío de leer a alguien, que de inicio reconoce no asistirse del estilo promovido por la American Psychological Association, cuestión tan demarcada por la academia imperante (en estas latitudes). Doy razón de ello, pues las palabras vertidas por este escribano son un intento de hacer lo que se hace desde otra plataforma y no la impuesta.  Hay un esfuerzo por mantener la atención en el tema del terr...

Un camino en la atención de los problemas

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  ¿Quién no tiene problemas? Ahora que me puse de creativo comparto un esquema que da muestra de cómo suelo recorrer la atención de los problemas.  Al inicio tengo algo por atender. Antes de estar ocupado estoy preocupado. La preocupación puede provenir de mis relaciones sociales o de mi estado emocional, puede ser que alguien más se suba al tren de la decisión o que yo decida emprender solo el viaje. En lo referente al siguiente nivel la ocupación sobre el asunto puede ser a nivel mental, dedico el tiempo a pensar-pensar, o a nivel empírico en el que es pensar-actuar. La atención puede quedarse ahí, pero el siguiente paso, Compartir, permite que en ese proceso surjan nuevas miradas, otras experiencias vividas y recordadas, que posibilitan embarcarse en el siguiente problema.

Descripción de un guapo

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  En la infancia le dijeron bonito, hermoso. Estaba tan lindo que lo rentaban para muñeco.    Conforme fue llenándose de ternura, le aparecieron otros atributos. Ante los ojos de su madre seguía pareciendo un bello ejemplar.  "Está guapo”  ¿Qué hace el señalado para provocar tal expresión?   Le pregunté a una mamá, hermana, novia, esposa, amante, vecina, amiga ¿Qué perfil debe  tenerse para llamarle guapo a alguien? He aquí un compilado de sus respuestas:  " Es atento a tus sentidos y pensares. Te busca con recurrencia sin caer en lo obsesivo. Observa con detenimiento tus movimientos, sabe cada detalle de mi.  Estar con él es excitante pues es atrevido y desafiante . No es su mirada sino como te mira. Es un guapo en su caminar, en sus alegrías, miedos, tristezas; en su humanidad, en su inteligencia, en su alma, en su inquietud, en sus proyectos, en su solidaridad, en su sonrisa, en su grandeza."    El guapo caminaba como quien no lo...

Las primeras complicidades

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  Tener una hermana, solita para vos,  equivale a tener novia o amante. Con ella se puede comer helado en el vivo sol de medio día, disfrutar de las mieles ofrecidas por una pared de cal, devorada en silencio ante los ojos de los padres atónitos por semejante estómago.    Compartir diez pesos, cada uno, por saber vender los tamales de la vecina o hacer aparecer más monedas de las cobradas, para después perderlas en otra bolsa.    Es tu cómplice más cercana, con quien puedes hacer sentir tu hombría al levantarla con un abrazo, mientras te dice cuánto has crecido, haciendo referencia clara a la edad más que a la altura.     Sabe bailar un boogie-woogie con la misma intensidad que la salsa colombiana, así como disfrutar del rock ochentero la misma tarde que cantamos un bolero romántico a tres voces, con mamá incluida.    La hermana mía conoció la transformación de mi voz, ronca por las tardes y chillante en las mañanas. Me vio dev...

Algo más que una pestaña

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  "Por dejarme vivir, te ofrezco vivir como nunca has vivido.  -Se arrancó una pestaña y se la ofreció- Úsala, y procura ser sabia.  Recuerda que solo existe una pregunta que merece la pena hacer,  ¿donde está el alma?" Extracto del cuento La pestaña del lobo, de  Clarisa Pinkola Estés. Mi respuesta a la pregunta:   El alma está fluyendo en todo lugar donde transitamos. Ahí, en cada recuerdo, lugar, nombre, escrito, dejamos un poco de alma. La respuesta no podía ser fácil.  Cada vez que vuelvo al cuento le encuentro otras formas de contestar. Siempre distinta, así como distinta la relación. En cada una dejé no solo las pestañas, también fueron las cejas, la mirada completa. Me han dado demasiado en sus palabras, ante lo cual solo he podido corresponder con breves momentos de felicidad, entrega, filiación.  Ellas me ayudaron a superar las angustias, someter mis miedos, vivir en plenitud. Cada gesto suyo fue transformado en un poco más de sabiduría ...

Las líneas de mi brazo

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  Hablo demasiado de ella, dejando fragmentos de la memoria en cada charla.  Para pocos es un secreto el tatuaje de mi brazo derecho. Linda figura la suya. La forma final del tallo n o posee marco, la tinta desborda las guías que quieren atarla. El trazo simula la libertad, la provoca; refleja lo natural de su ser. Le he pedido al tatuador que deje la raíz más larga y él pincho con su aguja  un punto profundo. Está siempre ella ahí, fluyendo en mí, transitando locamente en un sinfín de evoluciones que me permiten construir un mundo de letras, siempre compartido.